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Ansiedad infantil y evitación: cuando no quiere ir al cole

Cuando un niño evita ir al colegio: dolor de tripa, quejas y dificultades por la mañana. Cómo observarlo y cuándo pedir ayuda.

Mochila junto a la puerta de casa, de mañana, sin nadie.
Mochila junto a la puerta de casa, de mañana, sin nadie.

El domingo por la noche aparece el dolor de tripa. El lunes, en la puerta del colegio, empieza la negociación. Esto no demuestra que el niño esté fingiendo ni confirma por sí solo un diagnóstico. Puede ser una señal de ansiedad, de un problema en el colegio o de otra dificultad que conviene entender.

Si cada mañana es una negociación para salir, no sois malos padres. Estáis sosteniendo a un niño que no puede explicar del todo lo que le pasa, y a un reloj que no espera.

Cómo se nota (la tripa, las quejas y la mañana)

En el niño pueden aparecer dolor de tripa, dolor de cabeza o un «me encuentro mal» al pensar en el colegio, mientras que el sábado esas molestias disminuyen o no aparecen. También puede llorar al vestirse o agarrarse a la puerta. A veces entra y consigue hacer el día; otras no llega a entrar.

También puede decir que la profesora le trata mal o que nadie quiere estar con él. Puede estar describiendo un problema real o intentando explicar un malestar que todavía no sabe expresar. Conviene escuchar esas quejas y comprobar qué ocurre en el colegio.

En casa, cada mañana se reabre el caso. Un adulto cede «solo hoy». El otro se enfada. El niño aprende, sin mala fe de nadie, que no ir es una salida posible. Os preguntáis si estáis siendo firmes o crueles.

Situaciones típicas: un niño de siete años que el sábado juega y el domingo ya no cena igual; una niña que entra si la acompañáis hasta la fila; o un preadolescente con molestias los lunes que no tienen una causa médica clara. La familia ha probado premios y conversaciones, pero la dificultad continúa.

Qué está pasando

Cuando algo duele o asusta, evitar alivia. No es una maldad del niño. Es el sistema nervioso: si no voy, ahora estoy mejor. El alivio enseña. Cada día que no se va, el cole se vuelve más grande. La evitación crece cuando la única salida es no ir.

¿Y el capricho? Un enfado puntual ante un límite no es lo mismo que un patrón que se repite, incluye molestias físicas y dificulta asistir al colegio. Distinguir ambas situaciones ayuda a no castigar de más ni ceder sin entender qué ocurre. Este texto describe señales; no permite diagnosticar a tu hijo.

Tampoco todo «no quiero ir» es ansiedad. Puede haber acoso, dificultades con otros niños, problemas de aprendizaje o una situación familiar que esté afectando. Por eso no sirve un único consejo. Hay que observar qué ocurre en casa, en el colegio y cuando el niño sí consigue entrar.

Desde ACT no se espera a que desaparezca toda la ansiedad para volver a las actividades. Eso no significa llevar al niño a gritos ni ignorar lo que ocurre. Significa acordar pasos graduales, escuchar las señales físicas y coordinarse con el colegio.

Qué se puede hacer

Un paso pequeño cuenta más que un discurso.

«¿Duele más cuando pensamos en el colegio o también el sábado?». Si el dolor aparece también el fin de semana, observad el sueño, la alimentación y consultad con el pediatra si hace falta. No se trata de demostrar que el niño finge, sino de valorar su salud.

Acordad el plan de la mañana con antelación: qué se hará, quién acompaña y en qué momento se pedirá ayuda al colegio. Si cada día se improvisa, aumentan las discusiones.

El objetivo no es el día perfecto. Llegar a la puerta. Entrar cinco minutos. Quedarse la primera hora. Si el único éxito es «día completo y contento», vais a fracasar muchos lunes. El valor es construir presencia en el cole.

Familia y colegio deben compartir la información. El niño no tiene que hacer de mensajero. Hablar con el tutor ayuda a que los adultos no actúen de forma contradictoria.

Revisad el sueño, las pantallas y el tiempo sin tareas. Reducir la prisa de la mañana puede ayudar. Al volver, «te vi ahí» suele ser más útil que un interrogatorio.

No se puede garantizar que el problema se resuelva en dos semanas. Los cambios suelen requerir observar qué mantiene la dificultad y coordinar a la familia con el colegio.

Cuándo pedir cita

Consulta cuando esto ya no es «una semana mala de septiembre». La tripa o las quejas se repiten al pensar en el cole y bajan el fin de semana. Cada mañana es una negociación y la evitación crece. En casa ya no sabéis si es de esta semana o de más fondo. El cole lo ha nombrado, o el pediatra os devuelve la pregunta. Habéis cambiado ritmos y el niño no puede con casa, cole y cuerpo solo.

No hace falta esperar a que deje de ir del todo. Si el patrón lleva semanas y os estáis haciendo daño en la puerta, es un buen momento.

Pide ayuda cuando faltar al colegio se convierte en la única forma de que el niño se calme o cuando el patrón se mantiene durante varias semanas.

Si lo que os pasa va más allá del cole —el silencio, el enfado, un cambio que se nota en toda la casa—, aquí hay una mirada más general de cuándo llevar a un niño o adolescente al psicólogo.

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